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A propósito de Luis Racionero y del antiandalucismo español

He leído, con atraso, un artículo (“La insolidaria Andalucía”) de Luis Racionero en el que éste se suma a las ya numerosas voces que, desde diversas partes del Estado, claman contra Andalucía y sus
gentes. Su último libro “Concordia o discordia” va en este mismo sentido. Dice que los andaluces viven a expensas de otros pueblos que trabajan para mantenerlos en la desocupación y en el ocio. Hay muchos falsos parados en Andalucía, dice Racionero. Según él, posiblemente haya que importar chinos para que en estas tierras se impulse la actividad económica ya que, por lo visto, con los andaluces es imposible. Da a entender que catalanes y otros pagan lo que los andaluces gastan sin trabajarlo.
Reconozco que el debate que se pueda propiciar en torno a este tema es muy interesante y bastante profundo. Lástima que Racionero sólo se quede en las apariencias y en el fácil recurso al enfrentamiento y al agravio comparativo estéril, peligroso e irresponsable. Y me da pena porque yo he admirado al Racionero de “Los bárbaros del Norte y el Mediterráneo”, cuando Andalucía, para él, era un modelo civilizatorio con un “ideal vegetativo”, según expresión orteguiana. Ahora Andalucia ya no le hace ninguna gracia con tantos falsos parados graciosos; los más graciosos, los gaditanos que, con el 47% de paro, disponen de tiempo suficiente para componer chirigotas. Lo siento por él.

Cuestión de Estado. Catalunya hacia la independencia


Las placas tectónicas de la política española están sufriendo agudos desplazamientos con el crecimiento exponencial del independentismo catalán. Que llegue a producirse terremoto, depende en gran medida de la actitud de los gobiernos de Madrid, hoy prisioneros de un radical rechazo centralista hacia todo lo que suene a cambios de fondo, tanto en el terreno social como en el territorial.

"La independencia llegará tarde o temprano", dijo Pep Guardiola, ex director técnico del Barcelona y actual del Bayern.  Con la distancia y la claridad que le da el no formar parte de la elite política, aunque cerró las listas de Junts pel Sí, el catalán sentencia que la independencia "es una cosa complicada y difícil, que parece que va para largo".

Su posición, como la de la inmensa mayoría de los seres, está dictada por el sentido común más que por los cálculos de intereses, a menudo justificados como razón política. "Esta es la oportunidad que tenemos de hacer un nuevo país, partiendo de cero, más justo". A renglón seguido, disparó: "La voluntad de un pueblo no la puede parar nadie" (El Confidencial, 28 de agosto de 2015).

La noche del 27 de setiembre, cuando se desgranaban los primeros datos de las elecciones autonómicas más importantes en la historia reciente, fueron quedando meridianamente claras las dos cuestiones: que el proceso hacia la independencia de Catalunya es imparable y que va para largo por su complejidad.

Las razones de esa complejidad se encuentran, básicamente, en un Estado Español que sigue siendo tan centralista como siempre, que le cuesta desprenderse de sus características históricas heredadas de taras de nacimiento, ligadas a la expulsión de judíos primero y de moriscos más tarde, imponiendo una falsa homogeneidad que implica una drástica negación de las diferencias. Desnudos de argumentos que se dieron durante la campaña, luego de que la Unión Europea destacara, luego de las elecciones, que el resultado es apenas "un asunto interno de España" (La Vanguardia, 28 de setiembre de 2015).

El rearme del régimen frente a las amenazas constituyentes

Los resultados de las elecciones catalanas precipitarán la rápida aprobación de la reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional (LOTC).
La reforma de la LOTC está pensada para establecer mecanismos de defensa vertical y horizontal del régimen frente a posibles amenazas constituyentes en Catalunya o en el Estado.

Todo parece indicar, después de los resultados en las elecciones catalanas, que en los próximos días el Congreso de diputados aprobará, por vía de urgencia y en lectura única, la “Proposición de Ley Orgánica de reforma de la Ley Orgánica 2/1979, de 3 de octubre, del Tribunal Constitucional (LOTC), para la ejecución de las resoluciones del Tribunal Constitucional como garantía del Estado de Derecho”. La reforma afecta a los arts. 83, 87, 92 y 95.4 (que sería suprimido) de la LOTC.
En concreto, la reforma atribuye el carácter de título ejecutivo a las resoluciones del TC y le otorga facultades para llevar a cabo la ejecución de sus resoluciones. Algunas de las medidas que se proponen, tomadas de la Ley de la Jurisdicción Contencioso Administrativa, son: la posibilidad de que el Tribunal proceda a la ejecución sustitutoria de sus resoluciones, si el órgano o autoridad que debe ejecutarla (un Gobierno autonómico, o incluso, estatal) no lo hace. La posibilidad de que el Tribunal recabe el auxilio de cualquier administración o poder público para ejecutar sus decisiones (incluida las fuerzas y cuerpos de seguridad). Y la posibilidad de que el TC ponga los hechos en conocimiento de la Fiscalía o de la autoridad judicial para que éstas exijan la responsabilidad penal que pudiera resultar procedente.

Andalucía, ante la segunda transición


Como escribiera T. S. Eliot en Los hombres huecos, parece que en Andalucía "los ojos no están aquí / aquí no hay ojos". Porque no encontramos otra razón para explicar la ceguera política y social andaluza ante el próximo cambio en el modelo territorial que tendrá lugar tras las elecciones catalanas y generales. 
En la primera transición, el pueblo andaluz tuvo la capacidad histórica de verse a sí mismo y exigir que todos le miraran. Tan pronto se supo que País Vasco, Cataluña y Galicia serían reconocidas como nacionalidades históricas, con elecciones propias y estatutos aprobados en referéndum, millones de andaluces se echaron a la calle el 4 de diciembre de 1977 para exigir idéntico trato en la Constitución. Nuestros emigrantes, quizá la consecuencia más doliente de la desigualdad que seguimos padeciendo, expandieron este deseo de justicia social por Cataluña, Madrid o Euskadi, hasta convertir la autonomía andaluza en una cuestión de Estado. Andalucía reivindicaba su "derecho a decidir" por sí misma: quería ser como la que más para alcanzar la igualdad de oportunidades. La movilización sin precedentes forzó la inclusión de una cláusula constitucional, infame en sus exigencias, que sólo Andalucía tuvo la osadía de culminar el 28 de febrero de 1980, convirtiéndose en el único pueblo del Estado que ganó la autonomía plena tras pronunciarse legalmente en referéndum. 

Declaración de la Coordinadora Nacional de ASAMBLEA DE ANDALUCÍA ante las elecciones catalanas

Ante la proximidad de las elecciones en Catalunya, Asamblea de Andalucía manifiesta públicamente su solidaridad con el pueblo catalán, como con todos los pueblos del Estado español y del mundo, y exige a las instituciones y partidos políticos que reconozcan su derecho a decidir por sí mismo cuál sea su forma de autogobierno y la relación con otros pueblos.
Denunciamos como contraria a la legitimidad democrática la obstaculización que se viene produciendo por parte del Estado español para que se celebre un referéndum de autodeterminación con la excusa de que ello no está contemplado en la actual Constitución del Reino de España. Cuando las normas legales contravienen los derechos democráticos, sean individuales o, como en este caso, colectivos, no tienen legitimidad ni fuerza moral alguna y deben ser modificadas.
También denunciamos las injerencias y chantajes de que están siendo objeto los ciudadanos de Catalunya por parte de los poderes financieros, de las grandes corporaciones empresariales, de gobernantes de otros estados y de la mayor parte de los medios pseudoinformativos, en una campaña del miedo, acentuada estos últimos días, que tiene como objetivo condicionar de forma brutal la libre expresión de la voluntad popular.
Y mostramos nuestra indignación por la manipulación que se está intentado hacer de los andaluces que tuvieron que emigrar a Catalunya y de sus descendientes. Quienes fueron los responsables de ese éxodo, los que no han realizado política alguna para posibilitar su regreso y han tenido abandonados a los colectivos y asociaciones que mantienen allí la identidad cultural andaluza pretenden ahora movilizarlos contra el pueblo catalán del que también forman parte. Una vez más, se pretende utilizar a Andalucía como punta de lanza del nacionalismo español, a lo cual nos oponemos firmemente.

Andalucía, 23 de septiembre de 2015.

¿Por qué crece el independentismo en Cataluña?

Este artículo explica la causa mayor de que el independentismo esté aumentando, lo cual se debe, primordialmente, a la arrogancia del nacionalismo españolista, que por desgracia es compartida ampliamente en las derechas pero también en grandes sectores de las izquierdas en España.

La interpretación más generalizada del crecimiento del independentismo catalán que ofrece la estructura de poder económico, financiero, político y mediático basado en la capital del Reino (que no tiene nada que ver con el Madrid popular), que en la terminología anglosajona sería conocido como el establishment español, es que tal movimiento es una criatura del gobierno Mas, el cual, a fin de sobrevivir políticamente (y a base de la gran manipulación de los medios públicos de la Generalitat, TV3 y Catalunya Ràdio), ha movilizado a la población en Cataluña para pedir la independencia. Esta visión ha sustituido a otra, generalizada principalmente en algunos sectores de las izquierdas españolas, que consideraba este independentismo como una mera criatura de la burguesía catalana, que lo utilizaba a fin de optimizar sus intereses financieros y económicos, frente al mundo empresarial y financiero basado en Madrid.

Nacionalismos y movimientos en el 27S

El carácter plurinacional del Estado español es una cuestión que históricamente nunca ha podido resolverse. En los periodos de crisis social como el actual, los movimientos etnonacionalistas y las
aspiraciones soberanistas han repuntado en aquellos territorios que disponen de lo que Isidoro Moreno denominó “conciencia de etnicidad”. Una novedad es que en la Catalunya actual, además de los sectores tradicionales del nacionalismo, este proyecto es compartido, e incluso iniciado, por una parte significativa de los nuevos movimientos sociales, quienes reivindican un soberanismo ligado a una transformación de la estructura social y las relaciones de poder. Esto no significa que los aspectos identitarios no sean importantes: no sólo las fechas históricas y los símbolos han jugado su papel a la hora de cargar de afectividad y de cohesión a las campañas por la autodeterminación, sino que junto a las reivindicaciones étnicas se esgrimen poderosos mensajes antiglobalización.
Lo interesante es que para el caso de Catalunya nada diferencia las políticas económicas de los gobernantes del Reino de España de las de los gobernantes de Catalunya. Ni siquiera los escándalos de corrupción, que, sin embargo, no han impedido a Convergencia subirse al carro de un movimiento soberanista que en su núcleo originario mantiene posiciones radicalmente incompatibles con las políticas de este partido. Y no sólo subirse al carro, sino incluso consolidar su legitimidad para conducirlo. Así, aunque a efectos electorales el presidente Mas no figure en la cabeza de la lista independentista, existen pocas dudas de que una victoria del Junts pel Sí le llevaría a encabezar la negociación de la futura secesión del territorio catalán.

Metan presa a esa gente catalana y acaben de una vez

Este bombardeo de descalificaciones contra esos malos vecinos ya nos tiene derrotados también a los demás habitantes de este democrático Estado. ¡Aplíquenles la Ley Mordaza, métanlos presos y acaben de una vez!
El dial de la radio es agotador, emisora tras emisora, lo mismo: cada día la ración de yogur griego sin azúcar, una lección del desastre a que conduce el pretender tener dignidad, y a continuación sacan el cañón de los denuestos y, ya directamente, los insultos contra catalanes.
La secuencia de canales de televisión es similar, supuestas informaciones con imágenes de políticos catalanes o, ya directamente, ciudadanos y ciudadanas de ese país y sobre ellas las voces de los redactores opinando. También ofrecen un espectáculo verdaderamente asombroso, tertulias de varios opinadores donde no hay una sola persona catalana o, caso de haberla, contraria al asunto del que se está hablando, el proceso soberanista catalán. Lo más ecuánime y considerado que llevo oído estas semanas es una tertulia radiofónica en la que discutían sus opiniones cinco políticos, cuatro en contra, PP, PSOE, Podemos e IU, y uno a favor, Convergència. ¿A que no saben quién ganó?

El Congreso aprueba la ley que permite intervenir una autonomía vía decreto

La Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados ha aprobado este miércoles el proyecto de Ley de Seguridad Nacional, una vez terminado el debate de las enmiendas parciales presentadas por los grupos parlamentarios. La norma, que ha contado con el apoyo de PP y PSOE, tiene como función "regular la Seguridad Nacional, sus principios básicos, órganos superiores y autoridades y sus componentes fundamentales".
En su artículo 3, se explica que: "A los efectos de esta ley se entenderá por Seguridad Nacional la acción del Estado dirigida a proteger la libertad y bienestar de los ciudadanos,a garantizar la defensa de España y sus principios y valores constitucionales, así como a contribuir junto a nuestros socios y aliados a la seguridad internacional en el cumplimiento de los compromisos asumidos". Asimismo, en el punto 26 se establece que: "A estos efectos, todas las Administraciones y organismos públicos estarán obligados a colaborar de conformidad con lo previsto en esta ley".

El silbido en el campo del Barça, ¿por qué?

Este artículo analiza las causas del silbido que se hizo en el campo del Barça.
En el inicio del partido Barça-Athletic Club, cuando sonó la Marcha Real Borbónica con el Rey Felipe VI presente, hubo un silbido general por parte de la gran mayoría del público presente, compuesto principalmente por catalanes y vascos, silbido que se ha interpretado como un insulto a España y a su población, dando pie para que todo tipo de nacionalismos a los dos lados del Ebro movilicen las banderas para enfrentar a la población que vive en distintas partes del territorio español. No es por casualidad que el gobierno del Partido Popular, partido heredero de las fuerzas conservadoras que dominaron el aparato del Estado español durante la dictadura, se haya movilizado inmediatamente, exigiendo mano dura contra los silbadores, que, según tal partido, quieren romper la unidad de España. Hay que recordar que el golpe militar contra la democracia establecida durante la II República se hizo bajo el argumento de “salvar la unidad de España frente a rojos y separatistas”, iniciándose así uno de los gobiernos más represivos (por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000) y reaccionarios que hayan existido en Europa durante el siglo XX, responsable del enorme retraso económico, cultural y social de España. Esto que digo no es una opinión personal. Esta es la realidad ampliamente documentada, aunque desconocida, ignorada, marginada y ocultada en este país.
Hoy la estrategia electoral para las próximas legislativas del partido político heredero de aquellas fuerzas y que hoy gobierna España, el PP, se basa en tres supuestos a través de los cuales intenta movilizar a la población. Uno es la recuperación económica que, según ellos, está ocurriendo en España. El otro supuesto es, según ellos, el caos económico que se crearía en caso de que gobernaran las izquierdas. Y el tercero es el peligro de que España se divida, presentándose a sí mismos como los grandes defensores de la unidad de España, enarbolando la bandera y el himno borbónicos como los símbolos de España.

ASAMBLEA DE ANDALUCÍA EN DEFENSA DE LA CONSULTA POPULAR EN CATALUNYA

ASAMBLEA DE ANDALUCÍA EN DEFENSA DE LA CONSULTA POPULAR EN CATALUNYA

            Las movilizaciones masivas de los últimos tiempos, los resultados electorales, las decisiones mayoritarias del Parlament y, sobre todo, la permanente movilización de la sociedad civil de Cataluya demuestran que hay un clamor popular a favor de ejercer el derecho a la autodeterminación. Se trata de un derecho humano colectivo, radicalmente democrático, reconocido internacionalmente y que se expresa en todas las Cartas modernas de Derechos Fundamentales así como en las Resoluciones de la ONU. Obviamente, no está sujeto al igual que el resto de derechos fundamentales- a ninguna autorización ni del Congreso español ni del Gobierno central, ni de ninguna otra instancia.
Quienes ante esta realidad pretenden sacar tajada política, negar la evidencia o tachar de ilegal el proceso pacífico de consulta lo hacen únicamente para pretender impedir el reconocimiento de que dentro del Estado español existen diversos sujetos nacionales : Catalunya, Euskalherría, Galiza, Andalucía, Canarias.... Los furibundos ataques dirigidos a evitar que el pueblo catalán opine en las urnas no son sino atentados contra los más elementales principios democráticos.
Desde Asamblea de Andalucía apoyamos la realización del referéndum previsto para el 9 de noviembre. En primer lugar, porque el referéndum es un mecanismo participativo, democrático y legitimador que hace explícita de una manera clara la voluntad popular, ya que pueden expresarse tanto quienes están a favor de la independencia como quienes están en contra o quienes se abstengan. Con el referéndum no se excluye a nadie. Y en segundo lugar, porque este proceso puede servir de precedente para evitar que sean los partidos políticos quienes pacten en exclusiva las decisiones que solo corresponde adoptar a sus propios protagonistas, que son los pueblos. Es la voz de los ciudadanos la que debe primar en los procesos políticos y, a tal efecto, el referéndum se revela como una herramienta útil a esa finalidad.
Si no se convoca la consulta o se impide esta, se realizaría un fraude a la democracia y se desnaturalizaría la capacidad de decidir. Si fueran las instituciones del Estado Español las que negasen o impidiesen el ejercicio del derecho a la autodeterminación del pueblo catalán, sería absolutamente legítimo utilizar la desobediencia a aquellas para poder expresarse democráticamente. Dilatar los plazos sólo sería útil para los que quieren impedir o alterar el proceso de expresión de la voluntad popular.
Por todo ello, Asamblea de Andalucía defiende la realización del referéndum en Catalunya y su carácter vinculante, incluso si, en el caso de que el Estado español no quiera permitir su convocatoria, se lleva a cabo de forma unilateral, pues la legitimidad del mismo no puede hacerse depender de ninguna “autorización” que concedan o no  instituciones que no se rijan por principios democráticos.

Asamblea de Andalucía, 21 de septiembre de 2014

Catalunya 9N: Una oportunidad de luchar contra el régimen

Aclaraciones sobre las tergiversaciones que se están reproduciendo en el debate nacional

Leyendo la prensa y oyendo los programas de radio y televisión en varios medios de Madrid, me preocupa que se estén reproduciendo algunas percepciones de lo que ocurre en Catalunya que no se ajustan a la realidad. De ahí que sienta la necesidad de aclarar algunos aspectos relacionados con estas percepciones, aclaraciones que hago con gran respeto, e incluso estima, hacia
varios reproductores de estas percepciones con los cuales comparto muchas otras visiones de las realidades que nos rodean. Comencemos pues:

1. Las izquierdas, no las derechas, han sido en Catalunya las que siempre han liderado –incluso en los tiempos de la dictadura- la defensa del carácter nacional de Catalunya. El limitadísimo conocimiento de la historia de Catalunya por parte de las derechas, e incluso muchas voces de izquierda españolas, dificulta mucho la comprensión de lo que ocurre en Catalunya. El Estatuto del 2006, que reconoce a Catalunya como nación, fue iniciado y desarrollado por las izquierdas, no por las derechas.

Guanyem Barcelona ante el 9 de noviembre

El 27 de junio Ada Colau, muy conocida líder en España de la Plataforma de los Afectados por las Hipotecas, quien encabeza ahora un transversal movimiento social y político llamado Guanyem Barcelona para ganar la alcaldía de la ciudad, aseguró que hasta ahora no he sido nunca independentista, pero ahora mismo, el 9-N votaría sí-sí. Añadió que la plataforma Guanyem Barcelona está totalmente a favor del derecho a decidir. Siempre hemos estado a favor.
Ada Colau podría haberse refugiado en un oportunista silencio respecto a su intención de voto el 9-N, pero es una persona que habla claro. Ha dicho dos cosas: va a haber un referendo y ella va a votar sí-sí.
El 9 de noviembre, se supone, habrá una consulta en Cataluña, organizada por el gobierno regional y al cual se opone el gobierno español. En Cataluña hay amplia mayoría a favor de ejercer elderecho a decidir. En España hay mayoría en contra, pero aumenta la opinión favorable. A su cabeza el nuevo partido, Podemos. El joven politólogo y diputado europeo Pablo Iglesias, madrileño, no se cansa de decir valientemente que él está por la autodeterminación de vascos y catalanes, aunque le gustaría que no se separen.Catalanes y vascos no nos dejen solos con los españoles del PSOE, debe pensar para sus adentros.

Por qué las derechas continúan ganando las elecciones en España y en Catalunya

Hoy, en la Unión Europea, los partidos gobernantes que llevan a cabo políticas públicas de claro signo neoliberal (recortes de gasto público, incluyendo gasto público social; privatización de servicios públicos y del Estado del Bienestar -tales como sanidad, educación, servicios domiciliarios de atención a las personas con dependencia, escuelas de infancia o servicios sociales, entre otros-; y reducción de las pensiones y de los salarios) que no estaban en sus programas electorales pagan un elevado coste electoral. Por lo general, no salen reelegidos. Como bien dijo un portavoz de uno de estos partidos, “nosotros sabemos qué políticas públicas deben realizarse, pero no sabemos qué hacer para que el electorado nos elija de nuevo”.
Una excepción, sin embargo, es España. En este país, un partido conservador, el Partido Popular, perteneciente al Partido Popular Europeo, que se ha distinguido por haber formado uno de los gobiernos que ha implementado con mayor intensidad las políticas neoliberales, saldría vencedor, según todas las encuestas, en las próximas elecciones legislativas y también es probable –según las mismas encuestas- que gane las elecciones europeas del 25 de mayo. En Catalunya, donde gobierna una coalición de dos partidos -uno conservador, perteneciente a la misma familia política que el Partido Popular (el Partido Popular Europeo), y otro liberal (CDC, miembro de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa)- que han impuesto estas políticas a la población que vive en Catalunya, es probable que esta coalición gane las elecciones europeas en unas semanas y que gane también las autonómicas en un futuro próximo. En muy pocos países europeos está ocurriendo que un gobierno que imponga estas políticas neoliberales sea reelegido. ¿Por qué?

Catalunya, una oportunidad para España

Para abordar el debate sobre Catalunya celebrado el martes pasado en el Parlamento español me gustaría recordar por extenso las palabras de un diputado:
“Una de las maneras de agraviar a Cataluña es precisamente entenderla mal; es precisamente no querer entenderla. Lo digo porque para muchos este problema es una mera simulación; para otros este problema
catalán no es más que un pleito de codicia: la una y la otra son actitudes perfectamente injustas y perfectamente torpes. Cataluña es muchas cosas, mucho más profundamente que un pueblo mercantil; Cataluña es un pueblo profundamente sentimental; el problema de Cataluña no es un problema de importación y exportación; es un problema dificilísimo de sentimientos. Pero también es torpe la actitud de querer resolver el problema de Cataluña reputándolo de artificial. Yo no conozco manera más candorosa, y aun más estúpida, de ocultar la cabeza bajo el ala que la de sostener, como hay quienes sostienen, que ni Cataluña tiene lengua propia, ni tiene costumbres propias, ni tiene historia propia, ni tiene nada. Si esto fuera así, naturalmente, no habría problema de Cataluña y no tendríamos que molestarnos ni en estudiarlo ni en resolverlo; pero no es eso lo que ocurre, señores, y todos lo sabemos muy bien. Cataluña existe con toda su individualidad (…) y si queremos conocer cómo es España, y si queremos dar una estructura a España, tenemos que arrancar de lo que España en realidad ofrece; y precisamente el negarlo, además de la torpeza que antes os decía, envuelve la de plantear el problema en el terreno más desfavorable para quienes pretenden defender la unidad de España, porque si nos obstinamos en negar que Cataluña tiene características propias, es porque tácitamente reconocemos que en esas características se justifica la nacionalidad, y entonces tenemos el pleito perdido si se demuestra, como es evidentemente demostrable, que muchos pueblos de España tienen esas características”.

Razones para que la izquierda apoye la independencia de Cataluña

La izquierda transformadora puede perder la oportunidad de protagonizar un momento histórico de cambio de régimen. En la elección entre el conservadurismo unionista y la doble ruptura, no debería tener muchas dudas.

La izquierda debe estar siempre junto al dominado
Para afrontar el problema sin subterfugios, la izquierda debe empezar asumiendo que estamos ante un conflicto entre naciones: entre la nación catalana y la nación castellano/española. La plurinacionalidad del actual estado español tiene raíces históricas, mil años atrás. Pero lo que más cuenta en estos momentos es que, a pesar de los muchos avatares, el pueblo catalán sigue sintiéndose una nación diferenciada y así lo ha expresado reiteradamente. No se trata, por tanto, de un conflicto entre nacionalistas y no-nacionalistas, sino entre dos nacionalismos enfrentados.
En segundo lugar, la izquierda debe denunciar que en este enfrentamiento, el nacionalismo español es el expansionista, mientras que el catalán sólo intenta defenderse. Por no remontarnos más atrás, en los últimos 300 años ha habido una voluntad manifiesta y hasta “decretada” de asimilación, con sólo momentos esporádicos de pactos, como en la 2ª República o en la Constitución actual. Pactos que en vez de ser el punto de partida de una solución definitiva, han venido seguidos de regresiones (en lo competencial, económico, lingüístico, cultural,…) como la que estamos viviendo.

Españolear en Cataluña

Dentro de unos días, la presidenta de la Junta de Andalucía irá a Cataluña para hacer campaña contra el referéndum convocado por el gobierno de la Generalitat para noviembre. Junto a Rajoy y Rubalcaba, Susana Díaz va a completar el tridente del PPSOE que tratará de convencer a los catalanes, a todos los españoles y a Europa de que la aspiración de los
catalanes a decidir por sí mismos no puede tener materialización posible.
                A “nuestra” Susana, parece que Andalucía le viene estrecha y que dedicarse a los problemas andaluces no colma sus aspiraciones. Por eso, desde que dio el salto del aparato de su partido al centro de los focos de la farsa en que ha sido convertida la política se está dedicando a ganar protagonismo dentro y fuera del PSOE y a ejercer un jacobinismo españolista que tiene en este partido una larga tradición. Como la idea de un “nuevo modelo productivo” parece abandonada y el futuro andaluz vuelve a proyectarse para que sigamos siendo un país subalterno, casi una colonia interna, con una economía basada en la minería y la construcción (además, habrá que suponer, del turismo), a la señora presidenta le queda todo el tiempo del mundo para envolverse en la bandera rojigualda y dedicarse a “defender a España”. Y lo hará en tierra hoy de misión, en Cataluña, como una nueva Agustina de Aragón para españolear negando el derecho a decidir a la ciudadanía catalana.

La desconocida historia del problema español

Existe un problema grave en España, que los establishments políticos y mediáticos españoles, radicados en su mayoría en Madrid, definen como el “problema catalán”, que es, en realidad, el “problema español”, problema que se agudizó como consecuencia de la enorme influencia que la derecha española (en realidad, ultraderecha en el espectro político europeo) tuvo durante el mal llamado “proceso modélico” de la Transición de la dictadura a la democracia. Como he escrito en varias ocasiones, aquel proceso tuvo muy poco de modélico, pues se hizo en condiciones sumamente favorables para las derechas (que controlaban el aparato del Estado y la mayoría de los medios de información y persuasión), y muy desfavorables para las
izquierdas, que habían liderado las fuerzas democráticas durante la resistencia frente a la Dictadura (que fue una de las más represivas existentes en Europa) y que acababan de salir de la clandestinidad.
La Transición fue un proceso enormemente desequilibrado, que determinó un producto –la Constitución- que reflejaba, en muchos de sus componentes, esta falta de equilibrio de fuerzas, con dominio de las ultraderechas. Fue este desequilibrio lo que explica la visión de España que se desprende de este documento. España –según la Constitución- es una nación (sin reconocer que haya varias naciones), y el Ejército tiene que garantizar que ello sea así, recordando que el Ejército golpista (del cual el Ejército en aquel momento era su continuador) realizó un golpe de Estado precisamente para evitar una redefinición de España que se expresara a través de un Estado plurinacional. La famosa llamada a la unidad de España era una llamada al mantenimiento de un Estado uninacional.

España y Cataluña: trescientos años de historia

(Reproducimos a continuación la versión castellana de la conferencia inaugural de Josep Fontana, miembro del Consejo Editorial de SinPermiso, en el simposio “España contra Catalunya: una mirada històrica (1714-2014)”, celebrado en Barcelona el pasado 12 de diciembre)

La mayor de las pérdidas que sufrió Cataluña como consecuencia de la derrota de 1714 fue, en mi opinión, la de un proyecto político que, en el transcurso de más de cuatrocientos años, desde las Cortes de 1283 hasta las de 1706, había elaborado un sistema de gobierno
representativo que, con la democratización que había culminado con las cortes de 1702 y
1706, [1] figuraba entre los más avanzados y democráticos de Europa, según habría de
reconocer el propio Felipe V al justificar su voluntad de destruirlo con el argumento de que los catalanes, después de lo que habían conseguido en las últimas Cortes, tenían más libertades que los ingleses con su gobierno parlamentario.[2]
El miedo a que ese sistema pudiese conducir a la creación de una república, como temía el
conde de Montemar, quien afirmaba que los catalanes eran “idólatras en sus privilegios, con unos visos de república en su media libertad, que si no la han logrado entera, no se dude que lo han pretendido, [3] no estaba justificado. El republicanismo aparecería en los momentos finales de la resistencia, hacia 1714, en un clima de exasperación, cuando se sabía que Felipe V no aceptaba hacer ninguna concesión con respecto a la conservación del sistema político
catalán. [4]