Mostrando entradas con la etiqueta Elecciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Elecciones. Mostrar todas las entradas

El régimen y el sistema

Es evidente que los resultados de las elecciones de diciembre certificaron la quiebra de uno de los pilares del régimen político construido en la transición al posfranquismo: el bipartidismo de la
alternancia (UCD-PSOE en los primeros tiempos y luego PP-PSOE), que ha sido el núcleo central de las instituciones junto con la monarquía borbónica y la visión de España como “Una” (negando legitimidad a la definición plurinacional del Estado que hasta la transición política era parte importante de los programas de los partidos de izquierda, incluidos el PSOE y el PCE).
Durante casi cuarenta años, con mayoría absoluta o con el apoyo de alguna fuerza de las derechas catalana o vasca, los dos partidos se han alternado en el Gobierno dando lugar a un régimen de democracia de baja intensidad que cerró en la práctica toda otra forma de participación política ciudadana que no sea a través de los partidos. Una ley electoral ad hoc favoreció y consolidó este bipartidismo, que ha invadido todas las esferas institucionales y muchos ámbitos de la sociedad civil, incluido el poder judicial, teóricamente independiente, pero donde PP y PSOE colocaron a sus peones o simpatizantes sin rubor alguno. Todo ello ha tenido como consecuencia el altísimo nivel de corrupción que se extiende desde miembros de la Familia Real hasta pequeños ayuntamientos, basado en la prepotencia y en la sensación (o certeza) de impunidad, y también la obscena generalización de las “puertas giratorias” por las que personajes y personajillos políticos pasan directamente a ocupar asientos en consejos de administración o puestos de asesores bien pagados de empresas multinacionales, como ocurre con Felipe González, Aznar y un larguísimo etcétera.

Las renuncias e incoherencias de la dirección del PSOE en la situación actual

Este artículo critica la incoherencia que la dirección del PSOE muestra en su prohibición de que se establezcan los grupos parlamentarios de los partidos En Comú Podem, Compromís-Podemos y En Marea, incoherencia que aparece clara tanto en cuanto a su propia historia (donde en el pasado reconoció a otros grupos) como en la aprobación de grupos parlamentarios para Democràcia i Llibertat y para Esquerra Republicana.
Como he escrito en anteriores ocasiones (ver “El enorme coste del olvido histórico”, Público, 07.01.16), el abandono del proyecto de recuperar la memoria histórica y corregir la percepción de nuestro pasado, claramente tergiversado por la dictadura y por el régimen democrático postfranquista que le siguió (que promovieron una versión favorable a las fuerzas conservadoras que dominaron tanto la dictadura como la transición), ha facilitado que no se conozca lo ocurrido en este país, dificultando enormemente la comprensión del presente. La discusión actual sobre la oposición del PSOE al establecimiento de los cuatro grupos parlamentarios relacionados con Podemos es un ejemplo de ello.

Respetar el Parlamento

Empiezo de un modo un poco pedante, pero enseguida se me entenderá bien. Quizás porque me estoy volviendo conservador, o porque siempre lo he sido, creo firmemente en los modales y las formas como en necesarios adminículos de reconocimiento del otro y de la jerarquización del espacio. Las sociedades humanas gestionan los
cuerpos y los lugares, así como la relación entre ellos, y ni la liberación de los cuerpos ni la desacralización de los recintos puede hacernos olvidar, por ejemplo, las diferencias enfermo/sano o viejo/joven ni la muy elemental, dentro/fuera o arriba/abajo. Expresamos nuestras categorías culturales y políticas, nuestro concepto de la vida y del orden, a través de esa diferencias y de su inscripción en un espacio concreto. Digamos que entre, por un lado, la liturgia paralizadora del Templo o el culto religioso al cuerpo del Emperador y, del otro, el cuerpo a cuerpo de la batalla final entre las ruinas, caben combinaciones -entre cuerpos y espacios- más o menos igualitarias y progresistas, a condición de aceptar que la idea de cultura está asociada a este juego discriminador. Quiero decir que no creo -y no quiero- que se pueda hacer cualquier gesto en cualquier sitio. Eso es lo que llamamos obsceno en su sentido etimológico; lo que está "fuera de escena", lo que no encaja en un espacio concreto, el gesto disonante o discordante en relación con su contexto local. Se puede y se debe redefinir socialmente la obscenidad, pero este concepto es inseparable del reconocimiento horizontal entre iguales discretos (es decir, provistos de cuerpos diferenciados) y del reconocimiento vertical de lugares consensuales (es decir, investidos de autoridad impersonal o colectiva).

Podemos defiende en el Parlamento de Andalucía el autonomismo españolista como “constitucionalismo andaluz”

Vergonzoso y sonrojante final de año el que nos ha deparado el mal llamado Parlamento de Andalucía, en realidad una mera cámara de gestión de la dependencia andaluza, ante la aprobación de parte de una proposición no de ley presentada por el grupo parlamentario de Podemos, defendida por Teresa Rodríguez, denominada como de “reconocimiento del patrimonio constitucional andaluz”.
No, no os llaméis a engaños ni os hagáis falsas ilusiones. Dicha proposición no suponía ni la reconversión de la formación al andalucismo infantista, ni la asunción de los derechos de soberanía de Andalucía y el pueblo andaluz. Sólo era una vuelta de tuerca más en la estrategia de la formación de asumir el papel de relevo del regionalismo del PA en el panorama político de nuestra tierra. De hecho, esta proposición no de ley ha sido elaborada en colaboración con elementos procedentes del ya desaparecido “andalucismo” oficial.
Como sabéis, la única constitución existente en la historia contemporánea de Andalucía, y así denominada y considerada por Blas Infante, fue la Constitución de Antequera de 1883. Aquella que comenzaba declarando que “Andalucía es soberana y autónoma; se organiza en una democracia republicana representativa, y no recibe su poder de ninguna autoridad exterior”. Una Constitución que proclamaba la única autonomía real, la soberana, “Andalucía es soberana y autónoma”, el único autogobierno real, el propio y no el otorgado, el que “no recibe su poder de ninguna autoridad exterior”, así como nuestra propia democracia y nuestra propia república,  “(Andalucía) se organiza en una democracia republicana representativa”.

Las siglas que nos gobernarán

Otra vez, Luz María, el reto de intentar explicarte los resultados de unos comicios aquí en el Estado español, esta vez los de las elecciones generales, me viene de fábula para ordenar mis pensamientos. Y de nuevo, ya me conoces, me pongo las gafas de las soberanías. ¿Son los resultados favorables para quienes pensamos que es necesario que la gobernanza de los territorios vuelva a las personas para que en pequeñas comunidades, pueblos o barrios puedan gestionar en común sus bienes colectivos que desde economías de los cuidados son garantía de alimentación, vivienda, energía, salud y un entorno sano?
De hecho, para quienes pensamos así, no deja de ser una contradicción las esperanzas y esfuerzos que ponemos en las votaciones a las que nos llaman cada cuatro años, pues este mecanismo de democracia representativa nos aleja mucho de nuestras aspiraciones. Con nuestro voto, por radical que sea, ¿no legitimamos un sistema impuesto y que nos arrincona e invisibiliza hasta las próximas elecciones?

El señor Pedro Sánchez no conoce la historia del PSOE

Este artículo habla de un tema que hoy es de una enorme importancia en este país: la redefinición del Estado español, cuestionando el Estado actual, que no significó una ruptura con el Estado anterior, sino una modificación que mantuvo su insensibilidad social, por un lado, y su carencia de reconocimiento de la plurinacionalidad de España, por el otro. El artículo es también una defensa de la postura que sostuvo Pablo Iglesias en el debate de La Sexta, con una crítica del olvido histórico que presentó Pedro Sánchez.
La pérdida del conocimiento de lo que pasó en la historia reciente de España, desde la República hasta el golpe militar y la dictadura que le siguió, ha tenido un coste político enorme, beneficiando a las fuerzas conservadoras del país, herederas de las que realizaron el golpe militar y dominaron uno de los Estados dictatoriales más represivos y sangrientos que hayan existido en la Europa Occidental en el siglo XX (según el profesor Malefakis, de la Universidad de Columbia, experto en el fascismo europeo, por cada asesinato que cometió Mussolini, Franco cometió diez mil, habiendo incluso hoy unas 120.000 personas desaparecidas por motivos políticos de las que se desconoce su paradero). La falta de recuperación de lo que se ha venido a llamar la Memoria Histórica ha tenido como objetivo mantener una visión tergiversada y manipulada de la historia de este país, que continúa beneficiando primordialmente a las derechas, que comprensiblemente no quieren que se conozca la historia verdadera de España.

Andalucía en la segunda Transición Política

            Ya nadie duda que estamos en la segunda transición política. Y pocos discuten que está agotada la Constitución del 78, que certificó el paso sin rupturas desde la dictadura franquista a una democracia política, de muy baja intensidad pero suficiente para incorporar al Estado español al entonces Mercado Común Europeo y a la OTAN, que es lo que interesaba a los poderes financieros y económicos. A lo que contribuyeron activamente los partidos considerados de izquierda y los sindicatos mayoritarios, convertidos desde entonces en pilares del sistema.

El régimen del 78 está sumido hoy en una crisis múltiple: del bipartidismo dinástico de la alternancia, con su secuela de clientelismos, corrupciones y puertas giratorias, del “estado de bienestar” por los enormes recortes en los servicios básicos fruto de la sumisión del sistema político a las instituciones financieras, del modelo social por las escandalosas cifras de desempleo, empobrecimiento y exclusión, y del modelo territorial que supuso el llamado estado de las autonomías porque ha quedado obsoleto. La abdicación del propio rey, siendo la monarquía piedra angular del sistema, para intentar evitar el hundimiento descontrolado de este, y el rapidísimo protagonismo de los dos partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, son hechos significativos que certifican que vivimos una segunda transición. En gran medida, el resultado de las elecciones del 20D y las decisiones que tomen tras estas los actualmente cuatro principales partidos –los dos del ya viejo sistema y los dos nuevos- van a condicionar fuertemente el nuevo sistema político.

Ciudadanos y ciudadanas en precampaña

Si los políticos han empezado la precampaña, creo que la ciudadanía también debe hacerlo.
Y lo primero que creo que debemos hacer, como primer acto de precampaña, es denunciar los muchos años que llevamos de bipartidismo y de partidos segundones cómplices, y que esa es la razón de la pobreza de nuestra democracia y del deterioro de sus instituciones.
Demasiados años gobernando los mismos ha provocado redes de cómplices y complicidades; de enchufismos y clientelismos; de connivencias, apaños y sometimientos a los grandes poderes económicos y financieros. 
Demasiados años con políticos que se aferran a sus sillones y a los privilegios de sus cargos. Políticos que siguen en política porque ya no saben ganarse la vida de otra manera. Políticos que no tienen la honestidad y valentía de dejar su cargo a sabiendas que ya no tienen nada que decir ni nada nuevo que aportar. Políticos que aceptan lo inaceptable y callan lo que deberían gritar  a los cuatro vientos.
Demasiados años donde los peores vicios, repetidos miles de veces en nuestra historia, han vuelto a gangrenar la política, la gestión pública, la sociedad y la economía. El amiguismo, la defensa a ultranza del clan y el complot familiar; la glorificación de la incultura y el desprecio del pensamiento libre y culto; la salvaguarda del poder y las prebendas de la iglesia (que nos obliga, por coj…, a ser un país católico), la exaltación de la cultura del pelotazo, el engaño y el enriquecimiento a costa de todo y de todos; el aprobar, consentir, incluso legalizar la avaricia y la codicia desmedida e inmoral de los que ya tienen demasiado y aún quieren mucho más.

La trayectoria del PA y el futuro del nacionalismo andaluz

El pasado sábado desapareció el PA y ello está siendo ocasión para que muchos supuestos "expertos" afirmen que ello demuestra la imposibilidad del nacionalismo en Andalucía. Al parecer, los andaluces tendríamos una especie de anticuerpo o de gen en nuestro ADN que nos haría refractarios ante un andalucismo que fuera más allá de nuestro gusto por el flamenco, las papas aliñás o el sentimiento de haber nacido en la tierra más bella del mundo. La afirmación parte, en casi todos los casos, de varias confusiones. Se confunde una determinada
organización con el espacio entero del andalucismo político. Se hace equivaler, sin más, el ámbito de lo político y el ámbito electoral. No se analizan los factores catalizadores y los factores de bloqueo que condicionan, en cualquier lugar y época, el paso desde el sentimiento de identidad cultural a la conciencia de identidad política, ni cómo han actuado dichos factores desde el final de la Dictadura hasta hoy en el caso concreto andaluz.
Los orígenes del extinto PA se remontan a hace ahora cincuenta años con la constitución de un grupo de "Compromiso Político SA" formado por varios inquietos profesionales contrarios al régimen franquista, que pasó luego a ser ASA (Alianza Socialista de Andalucía), incorporada a la "oposición democrática" y sus plataformas, para convertirse tras la muerte del dictador en PSA (Partido Socialista de Andalucía) y luego en PA (Partido Andalucista). Aunque algunos no lo sepan, no fue hasta años después de sus primeros tiempos cuando algunos de los componentes del proyecto, muy indefinido ideológicamente, conocieron la existencia de Blas Infante y del andalucismo histórico. Estoy seguro que sus dirigentes más conocidos apenas leyeron a don Blas, con la excepción de quienes serían sus ideólogos: José Aumente, que teorizó la aplicación del marxismo a la realidad andaluza, y José María de los Santos, con sus planteamientos sobre el "socialismo indígena" andaluz. La influencia de ambos fue sólo relativa en el interior del PSA y, de hecho, serían convertidos en irrelevantes en el PA a partir de 1982.

La educación neoliberal de Ciudadanos

Ciudadanos ha dado a conocer su programa electoral sobre educación. Ningún pedagogo o experto de la comunidad educativa acompañaba a Albert Rivera en la presentación. No deja de ser significativo que lo hiciera el responsable de economía del partido, Luis Garicano, el del "contrato laboral único", que para quien no lo sepa proponía, para reducir la dualidad de la contratación, convertir a todos los trabajadores en fijos-precarios al tener un despido no causal. Y, claro, poco se puede esperar de un economista ultraliberal hablando de educación. Por ello, las propuestas de Ciudadanos son una serie de generalidades que demuestran tanto su desconocimiento del tema como, en algunos casos, sus malas intenciones en relación con el mundo de la enseñanza. Veamos.
La principal propuesta es que quieren un Plan Nacional de Educación, pero no dicen qué harían con la LOMCE. ¿Sospechoso, no? Pero tiene coherencia con sus actuaciones concretas, como no votar a favor en la Asamblea de la Comunidad de Madrid de la Proposición No de Ley sobre la moratoria en la aplicación de la LOMCE, que se aprobó con los votos de PSOE y Podemos.
Saben que lo del pacto urbi et orbe es una socorrida fórmula genérica que vende electoralmente y siempre queda bien ante el hartazgo por los cambios legislativos en la materia. Probablemente se trate de eso: de vender humo, porque deberían conocer la dificultad y los intentos fallidos anteriores (el último, el de Ángel Gabilondo) como para trazar algunas líneas maestras para el pacto. Pero no hay nuevas aportaciones. No dicen nada sobre la finalidad y los principios orientadores del sistema educativo, sobre cómo universalizar el derecho a la educación y su gratuidad (0-18 años), cómo garantizar la laicidad, el principio de inclusión y la participación, la posición ante la doble red y los conciertos, qué compromiso de financiación y los cambios legislativos necesarios. Tampoco aportan sobre el procedimiento, por ejemplo, ¿negociar una mesa de partidos o abrir un proceso constituyente de amplia participación como defiende el Foro de Sevilla? En fin, que si no se concretan las propuestas para hacerlas verosímiles, todo queda en pura retórica.

La dirección del PSOE no entiende qué está pasando en España

En la sesión donde se nombraba al Sr. Pedro Sánchez candidato del PSOE a la Presidencia del gobierno español, este escogió una bandera española enorme para mostrar su gran patriotismo, compitiendo así con el Partido Popular, para ver quién es más patriota, midiendo, por lo visto, su patriotismo por la visibilidad y tamaño de los símbolos en sus congresos y encuentros a nivel del Estado español. Hoy, el PP, heredero de aquellos que interrumpieron el periodo democrático conocido como la II República con un golpe militar, gobernando España mediante uno de los regímenes dictatoriales más crueles que hayan existido en la Europa del siglo XX (por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000, según el profesor Malefakis, experto en el fascismo europeo en la Universidad de Columbia, de Nueva York), que ha impuesto un enorme retraso económico, político, cultural y social a sus poblaciones, quiere ahora ganar las próximas elecciones legislativas presentándose como el gran defensor de la Unidad de España, contra los “rojos” y “separatistas”, enarbolando la misma bandera y promoviendo el mismo himno que utilizaron los golpistas y sus sucesores.

Gestos de humanidad y sensatez


Conforme avanzaba  la noche del pasado 24 de mayo muchos/as ciudadanos/as celebraban unos resultados electorales que devolvían la esperanza a millones de personas empobrecidas. La
renombrada crisis, deliberada por los poderes de la economía neoliberal y duramente criticada por el Papa Francisco (“el capitalismo salvaje ha enseñado la lógica de las ganancias a cualquier precio”), ha provocado el aumento de la brecha entre ricos y empobrecidos. El informe anual sobre la Riqueza en el Mundo 2015 señala que las personas con grandes patrimonios en España han pasado de 127.100 en 2008 a 178.000 en 2014, o sea, 50.900 nuevos millonarios. La cifra de millonarios creció en 2014 por encima de la media mundial (el 10% frente al 7%). El Instituto Nacional de Estadística (INE) contrastaba la anterior noticia, informando que el presupuesto de los hogares se ha recortado el 14.7% desde 2008. Este hecho ha evidenciado el mayor atentado contra los derechos humanos: la mitad de los/as niños/as andaluces (834.000) padecen riesgo de pobreza o exclusión social, según la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV 2014).

La encrucijada de Podemos

En un análisis de urgencia sobre el movimiento del 15-M, escribía el profesor Carlos Taibo, hace ahora cuatro años, que en este convivían dos almas. La de los indignados que atribuían la lamentable
situación existente a la naturaleza misma del sistema económico-político imperante y la de aquellos cuya indignación respondía a que no veían suficientemente recompensados por parte de la sociedad sus esfuerzos y méritos y habían entrado a formar parte de un "precariado" sin horizontes o simplemente de las estadísticas del paro. Estas dos almas, estos dos diagnósticos realizados en base a una misma radiografía social, desembocaban en dos diferentes objetivos: transformar de raíz el sistema, sustituyéndolo por otro cuya lógica fuera distinta a la del mercado y la búsqueda agónica de la ganancia y el beneficio personal, o reformar aquellos aspectos políticos del sistema a los que se hacía responsables principales de la situación: los partidos corruptos y el mal funcionamiento de las instituciones. Si se quiere, podríamos hablar de un alma rupturista y de un alma reformista, la vieja dualidad una de cuyas últimas versiones la experimentamos quienes vivimos la anterior Transición, en la época del desmontaje controlado del franquismo y el comienzo de la Segunda Restauración Borbónica.

¿Son los resultados electorales de AMA un fracaso?

(Reflexiones de un Amero)
Tras la noche previa a las elecciones en la que estábamos eufóricos por el deber cumplido y expectantes, vino la desilusión para muchos compañeros, del “escaso” avance conseguido; sólo dos Concejales más. Y para más inri la mayoría absoluta del eterno PSOE. (once contra cinco).
Comentaba alguien que qué clase de pueblo tenemos, tan ciego, etc.
Creo que de principio no tenemos que centrarnos en las otras fuerzas políticas, como la de aquel que arrastra torcido su cuerpo de medio lao mirando al suelo con la cabeza dos palmos por delante de los pies, huyendo de sí mismo y de su conciencia de intereses mezquinos. Ni tampoco sobre los que por pobres de espíritu y lucha se conforman con utilizar como propias las luchas y logros nuestros.

El municipalismo como base

A pesar del avance espectacular de las tecnologías de la comunicación, nuestra ciudad, nuestro barrio, nuestro pueblo, siguen siendo los ámbitos en los que se desarrolla una parte muy importante (la cotidiana) de nuestras vidas. Incluso nuestro quehacer laboral o profesional se inserta, las más de las
veces, en estos marcos. Y cuando no es así, casi siempre se debe a la falta de empleos o de horizontes que obliga a la emigración forzosa. Afirmar esto no responde a una visión localista de la realidad sino a una constatación sociológica: la importancia del “universo social local” en nuestra cultura (andaluza, mediterránea, sureuropea) frente a las culturas anglosajonas, sobre todo la norteamericana, en que lo más normal, e incluso lo que se persigue, es vivir muy lejos de la familia, de los amigos, de los paisanos… La zanahoria del éxito personal (individual) oculta el palo de la desidentificación y el desarraigo, con los problemas materiales y mentales que conllevan.

ANDALUCÍA, ELECCIONES 2015

El próximo domingo 22 de Marzo se celebrarán elecciones anticipadas en Andalucía. La convocatoria electoral obliga a repasar la situación y a pronunciarnos al respecto.
ANDALUCIA LIBRE


Las elecciones del 22 de Marzo de 2015 han sido convocadas por estricto interés de la Presidenta Susana Díaz y del PSOE, previa ruptura de su coalición de Gobierno con sus sumisos cómplices del PCE-IU, que recién acababan de apoyar sus presupuestos (incluido, por cierto, el parlamentario de la CUT).

La presidenta Díaz –espécimen que parece creado en laboratorio de tan perfecta que resulta con su trayectoria de trepa y aparatera para ejemplificar en una persona lo que ha sido y es el PSOE en Andalucía- ha despedido a sus palanganeros del PCE-IU (que aún lamenta su perdida de sillones) para adelantarse a la secuencia de elecciones previstas en el Estado español e intentar librarse del anunciado desgaste estatal del PSOE. Ahora y en campaña, Díaz y el PSOE reiteran su sonsonete habitual a su parroquia: "¿Qué es la izquierda?: Lo que hace el PSOE. ¿Y porque es de izquierda? Pues porque lo hace el PSOE". Sea lo que sea y haga lo que haga. La presidenta Díaz le ha aportado -como sustancial novedad- el recordatorio repetido a que "es hija de fontanero" como aval pretendidamente indiscutible y supremo argumento a favor de su raigambre y compromiso popular. Como si Mussolini no hubiera sido hijo de un herrero; Hitler, por su parte, de un zapatero remendón que terminó de aduanero o Stalin, tambien hijo de zapatero.